Janet Marilyn Hernández

Algo que empieza por “J” o por “Y” y hasta por “Ll” en tus días menos ilustres…
Algo que empieza por algo, como todo que por algo empieza;
como esto que empezó sin empezar, que no empieza todavía, pero se acaba tal vez.

No te pido la virtud de enclavar mi nombre en tus sienes ni de traerlo a tus labios impulsado por las dos neuronas que se resisten a morir en el humo de tus cigarrillos.
No lo exijo, mas me gustaría, que algún día me llamaras por mi nombre, el de pila.

Pero, ¿qué hago si tu alma bandolera tiene planes mejores, de pasiones fugitivas?
Llamarme “amor”, “cariño”, “linda” o cualquier cosa que te venga a la cabeza
cuando evitas la idiotez de confundirme y decirme “Judith”, “Marina” o “Rebeca”.

Somos por algo gitanos, me parece, compañeros de una misma guerra:
Yo quizás por sangre, tú por espíritu… algo te obliga a que no me entiendas
y a mí a entenderte con tus desaciertos, con tus evasivas, con mis quimeras…

Tú peleando contra las ilusiones, yo aferrándome a musas pasajeras
unas veces por soledad, otras por escribirle a cualquiera
y hoy por ganas de hablar contigo, aún en silencio, en estas letras.

Me gustaría pronunciar tu nombre y recitar tu apellido pudiera...
pero el orgullo me impide tener memoria, cosas de mujeres, ¿quién me viera
escondiéndote que hablo contigo, el de los ojos profundos y sonrisa inquieta?

Tal vez darías un paso que acabara con las dudas y diera esperanzas nuevas,
que acompañase mi soledad, mis desvaríos, tus ausencias.
Tal vez si dijera tu nombre sabrías bien que es contigo, aunque ya lo sepas.

Los nombres de pila, a veces, son los peores aguafiestas.