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La Coctelera

Vida Joven

¡Ponle lentes de humor a la vida!

9 Agosto 2006

Cómo anunciar una candidatura

Lo primero más difícil que debe hacer un aspirante a la Presidencia de la República, es decir justamente que quiere ser Presidente. Vamos a echarles una manito
Janet Marilyn Hernández

Imagínense a un tipo en su casa, un domingo, a las tres de la tarde y escuchando las carreras de caballos… De repente, considerando que no le va tan mal en eso de los juegos “de envite y azar”, decide lanzarse al ruedo electoral que –como ya sabemos- se parece bastante a una ruleta rusa o a un juego de lotería. El meollo es ¿cómo decirle a la gente que quiere ser Presidente?

No nos metamos todavía con el contenido del mensaje. Eso de prometer escuelitas, viviendas, dinero y hospitales es un tema aparte. Pensemos sólo en el decorado de la tarjeta de presentación e incluso en si habrá o no una tarjeta de presentación. Esto de las campañas no es asunto fácil y –con suerte- lograremos compilar una que otra recomendación para sacar una manualito similar al que hicimos para las féminas obstinadas del fútbol.

Lección 1:
Hágase famoso

En un país tan farandulero como el nuestro, la mejor ventaja que un candidato puede tener es ser famoso. Bien, siga usted la receta que le haga falta para que su nombre suene. Si no, no siga receta alguna, pero ingénieselas para ser un candidato conocido.

Vale acotar que no importa de dónde provenga su fama. Lo valedero en este asunto es que mucha gente pueda recordar su nombre cuando esté cerca de la máquina de votación.

Así, y considerando los actuales candidatos presidenciales, podemos afirmar que faltan próceres nacionales que se lancen a la Presidencia.


Falta, por ejemplo, Dorángel Vargas, a quien todo el mundo le creería al afirmar que es capaz de acabar con el hambre y con los pobres al mismo tiempo, mediante la apertura de comedores populares junto al establecimiento de un sistema de regulación demográfica. Eso sí: que se lance con tal promesa, pero no explique sus métodos y mucho menos el menú de los comedores.


También debería presentar su candidatura el recordado Profesor Tamao, teniendo como promesa fundamental enterrar –y en su caso, créanle, sería literalmente- a los malhechores que mantienen aterrorizadas a las comunidades. Tamao debe prometer que podrá enterrar vivo a cada azote de barrio, profesor pederasta, prestamista usurero y, sobre todo, a toda esposa con quien su esposo no esté del todo conforme; además de asegurar que dichas actividades podrán ser televisadas para pleno disfrute de la población.

Está visto que el ser famoso es lo que le abre las puertas electorales a los candidatos. Ya por ahí hay más de uno que –tras un chistecito o programita de televisión- pretende alzarse con la Primera Magistratura. Y lo peor no es eso; lo peor es que por lo menos un ciudadano votará por ellos.

Lección 2:
Haga payasadas

Continuando en la onda de levantar “raiting electoral” debe usted saber que si aspira ser Presidente debe perder todo temor al ridículo y lanzarse una que otra payasada en sus mítines… ¿Acaso no ha oído aquello de que el pueblo quiere “pan y circo”? Bueno, eso no es del todo verdad, pero tampoco es totalmente falso.


Lo cierto es que usted debe estar dispuesto a raparse el cabello con formas que llamen la atención. Si esa opción no le agrada o si es calvo, debe empatarse con alguna mujer que trabaje en televisión.

Otra alternativa es grabar una serie de discos “humorísticos” con la jerga más primitiva posible y repetir sus chistecitos en los actos públicos. Si eso aún no le convence, contacte con una compañía fabricante de juguetes y mande a hacer una especie de Ken con su cara, para que los niños se empeñen en jugar con usted –mejor dicho, con su réplica- y los padres vayan a todos sus mítines con la esperanza de que allí regalen los muñecos.


Y como elegir un Presidente comporta más carga histriónica que elegir a una Miss Venezuela, será imperativo que usted esté dispuesto a todo tipo de exhibición artística: bailar, cantar, desfilar o lo que sea que se le ocurra para llamar la atención de su público, mejor dicho, de sus electores.

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Unidad biótica de la selva de concreto divagando entre la poesía, los cuentos y la crónica... Intentando ser un híbrido de escritora y periodista.

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