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La Coctelera

Vida Joven

¡Ponle lentes de humor a la vida!

4 Junio 2006

Manual para soportar a un futbolero (IV)

Dura un mes, pero los vuelve insoportables. Y es que para los hombres el fútbol es lo que mueve el mundo. Aquí aprenderemos a lidiar con padres, hermanos, novios y esposos fanáticos
Janet Marilyn Hernández

“Brincaban emocionadas estrellándose contra las paredes metálicas casi en ebullición. Chocaban unas contra otras y aún así su alegría iba en ascenso. Sudorosas y suculentas, las cotufas con mantequilla daban saltos en la olla, extasiadas, al borde de la histeria por el evento que estaba por comenzar.

Tú las veías desde arriba con aires de superioridad y sabías que su final estaba demasiado cerca con la diferencia de que, contrario a los pronósticos que ellas mismas hacían, no morirían trituradas entre muelas que esperaran goles de Morientes o Beckham, sino entre dientes que vieran el producto del noveno de tus macabros planes contra el futbolero de tu casa”.

Y es que como digna representante de la Feuniconpefu –Féminas Unidas Contra la Pelota de Fútbol- sigue siendo necesarísimo que prepares todas las tretas que de algún modo puedan sabotear a ese sujeto fanático, que enajenado ante un balón y seducido por la sonrisa de Ronaldinho ha olvidado tu existencia.

Debes ser cada vez más radical. El relato que inicia esta entrega del Manual para soportar a un futbolero es sólo un abreboca para que entiendas la siguiente táctica: Se trata, pues, de fingir plena emoción por el inicio del Mundial.

Así, tu misión será hacer el gran sacrificio de ponerle un banderín del equipo de tu papá, hermano, novio, hijo o esposo al carro y hacer ver que tú también te desvives por la forma magistral como la oncena hace sus goles y evita los del contrario.

Incluso, para que sea todo más creíble, debes hacer preparativos para los juegos, comprando refrescos, chucherías, desconectando el teléfono para evitar interrupciones… En fin, el hecho es que debes parecer más apasionada por el fútbol que el mismísimo Oliver Khan.


Gol a puerta cerrada
El plan que a continuación verás es uno de los más sencillos sugeridos en esta sección. Se trata, literalmente, de encerrar bajo llave todas las posibilidades que el futbolero con el cual convives tenga para ver el Mundial. Valga acotar que estas estrategias son desechables, pues sólo pueden ser utilizadas una vez cada una, pero si ideamos 64 tretas diferentes podremos impedirle al susodicho disfrutar de todos los partidos de la Copa.

Ya quedamos de acuerdo en que durante varios días antes del Mundial fingirás un interés supremo en seguir el acontecimiento. De este modo, el día pautado para el juego que quieres sabotear mediante esta estrategia, te encargarás de llevar los muebles más cómodos, todos los televisores y equipos de sonido e incluso la computadora a uno de los cuartos de tu casa, y los dispondrás de manera que parezca la mejor sala de entretenimiento del mundo.

Cuando el individuo fanático contra quien has instrumentado la estrategia esté perfectamente convencido de que estás tan entusiasmada con el Mundial que incluso has destinado una habitación de tu residencia para disfrutarlo en grande; en ese momento; en el preciso instante en que comienzan a anunciar los patrocinantes del evento, el relato inicial continúa y finaliza de manera traumática –para él, porque para ti y las demás miembros del Feuniconpefu será otro éxito más-. Así que:

“Cual bandida entró por la ventana y se apoderó del espacio. Con toda su fuerza sacudió la persiana y se estrelló contra la puerta que se cerró de golpe teniendo el seguro puesto y dejando todas las llaves de la casa dentro del cuarto. Esa antifutbolística y mezquina ráfaga de viento secuestró todos los medios por los cuales tú y tu novio, hermano, hijo, esposo o padre podrían ver el Mundial.

Y ya era demasiado tarde. No había tiempo de llamar al cerrajero. No había forma de ir a ver el juego en la casa del vecino. Estaban atrapados sin salida entre cuatro paredes y un techo que impedían ver el magistral gol o la dolorosa derrota…

Con un ademán de frustración diste la media vuelta y fuiste hacia la cocina. Tomaste las cotufas aún tibias y decidiste compartirlas con el acongojado fanático con el que convives. Se sentaron en el piso y al hacerlo el punzante manojo de llaves te hizo mostrar una sonrisa compasiva hacia el futbolero, pero teñida de malicia”.

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Unidad biótica de la selva de concreto divagando entre la poesía, los cuentos y la crónica... Intentando ser un híbrido de escritora y periodista.

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