Janet Marilyn Hernández
¿Te acuerdas, amor, del día que me enseñaste los colores del mundo? Fue el día en que apareciste en mi vida y te llevaste las sombras. Cuando desteñiste el insondable negro de la soledad y el blanco fantasmal de las vagas horas.
Fue cuando detuviste el tiempo con un “te amo” heroico que coloreó la penumbra, con un beso de rescate que disipó la bruma… ¿Te acuerdas, amor, de los colores que me diste?
Abriste tu caja de sueños y desparramaste ilusiones pintadas de verde. Verde como las montañas en la primavera. Verde como los tallos que sujetan las flores con la misma ternura con que cargabas mi alma. Verde, amor; verde como la luz que le diste a mi amor para que sin dudar te persiguiera… Verde.
Y recuerdo que en un beso vertiste el rojo del deseo que dormía en tu alma callada. El rojo de la pasión que con ansías aguardaba que pintaras de ardiente rojo aquel cielo de matiz malva. Era el rojo de nuestros labios viendo quién besaba más. El rojo de nuestra piel aprendiendo qué es amar. Rojo, amor; rojo como la sangre que en nuestras venas ardía… Rojo.
.png)
Mas de repente se mezclaron los colores, se confundieron, se invirtieron. El deshecho orden trastocó el embrujo de tus dulces besos y me quitó las ansias de un abrazo nuevo. Ahora el rojo era verde, y el verde era rojo y el daltónico amor se nos hizo despecho.
Y es verde, como la fruta que aún no puede comerse. Como el beso que de tus labios no puede verterse, como la voz de mi amor y su grito silente. Es verde. Tan verde como el duende que en un momento aparece, nos roba las ilusiones y de inmediato se pierde.
Y también es rojo, como tus ojos inundados de irracionales celos. Como los míos de tanto llanto e innumerables desvelos. Rojo como la sangre que se nos volvió hielo, que ya no viaja en las venas, que ya no enciende deseos.
Es verde lo que fue rojo y rojo lo que verde era. Fue ayer, no hoy, cuando pedí que nunca te fueras. Se hizo daltónico el cielo y daltónicas las estrellas. Verde el rojo futuro y rojas las verdes quimeras.

Que bonito es el marron. Siempre escondiendo su sensatez.