Janet Marilyn Hernández

Dicen, que del amor al odio el paso es uno sólo pero, para mí, ese paso es tan largo que no podría darlo ni en las alas de Pegaso ni en el lomo de un unicornio.

Dicen, que por orgullo uno debe callar lo que siente. Que es cuestión de dignidad aguantarse y no sufrir. Respirar hondo y pensar que fue el otro quien perdió más.

Pero acaso, ¿no perdimos los dos? Yo perdí a quien amaba y tú perdiste a quien te amó. Tú perdiste una verdad y yo perdí una ilusión. Los dos perdimos y qué importa cuál pérdida fue mayor.

Tú perdiste la certeza de un beso de buenos días. Yo perdí la esperanza de tomar tu mano en las noches. Tú perdiste las furtivas llamadas de mediodía. Yo perdí la ira que me causaban tus derroches. Los dos perdimos y qué importa, si ninguno de los dos ganó.

Dicen, que por honor y por aquello de quererse mucho deben romperse los sueños. Debe olvidarse toda esperanza de un retorno y destruirse cada ocasión de regreso.

Pero acaso, ¿no es de sueños que vivimos aún cuando estamos despiertos? Yo soñaba por las noches que me soñaras en tus mañanas. Tú soñabas cada ocaso despertar conmigo al alba.

Yo desperté en el abismo de una realidad tan falsa que no alberga ningún sueño. Tú despertaste soñando que el dolor sólo fue algo que soñaste despierto. Los dos soñamos y qué importa cuál de los dos despertó.

Dicen, que hay que ser fuerte y reconocer que se perdieron los chances, los después, los mañanas. Que hay que adaptarse a no tener aquello que se soñaba.

Pero acaso, ¿no es ser débil aceptar con fortaleza una derrota? A ti te faltaron ganas de luchar y recibiste el fracaso del amor en bancarrota. Yo no me resigno a perderte, aunque no obtuve la victoria. Los dos fracasamos y qué importa cuál de los dos se resignó.

Dicen, que llorar un amor perdido es una cosa tonta. Que uno debe sonreír si es que amando se equivoca.

Pero acaso, ¿nadie entiende que las sonrisas son presupuesto feliz, que reír por no llorar es peor que no reír?

Tú eres de los hipócritas que exhiben los dientes a la tristeza y te ríes con cualquiera que aparezca frente a ti. Yo soy de las que reserva la sonrisa tras la puerta, esperando utilizarla si algún día vuelves por mí.